Durante el invierno, los viñedos entran en un periodo de «dormancia» o reposo vegetativo. Las vides pierden sus hojas y la planta concentra su energía en las raíces. En esta estación, los viticultores realizan tareas críticas como la poda y la preparación del suelo para diseñar la futura cosecha. Cuando las temperaturas bajan y los días se acortan, la planta deja de absorber nutrientes y detiene su crecimiento, preparándose para el frío extremo. Este descanso es vital: las horas de frío acumuladas son necesarias para que los brotes florezcan de manera uniforme en la primavera.

El invierno en el viñedo marca un período de letargo para la vid, un momento de pausa después de la cosecha. Las hojas han caído y el paisaje se transforma por completo. Sin embargo, detrás de esta aparente quietud se está preparando el terreno para la siguiente temporada, abonando y nutriendo el suelo, y realizando multitud de trabajos de preparación, entre ellos la poda, una actividad esencial durante la estación invernal. Los viticultores seleccionan y cortan las ramas de la vid, un proceso que influye significativamente en la producción y en la calidad de la uva. La poda permite controlar el crecimiento, mejorar la exposición al sol y fomentar la regeneración de la planta, asegurando así un rendimiento óptimo en la próxima cosecha.

Y ¿qué ocurre en la bodega mientras la naturaleza descansa? El trabajo es incesante, ya que para los vinicultores es el momento de reflexionar sobre la campaña pasada, hacer valoraciones, previsiones… Un momento en el que extraer conclusiones y planificar los próximos meses.
Al ver un paisaje de un viñedo en invierno, podría parecer que no hay actividad y que simplemente se está en espera de la primavera, sin embargo, existe un trabajo silencioso que no cesa. En invierno, se entrelaza la expectación con la ilusión en cada brote, que anticipa la llegada de una nueva cosecha. Y se renuevan las experiencias, las cartas de los menues de estación, las caminatas entre vientos y nieve y las estadías en lugares de enoturismo de ensueño que se ponen cálidas con buenas copas y tal vez companías.